jueves, 8 de enero de 2015

De por qué yo no soy Charlie y otras reflexiones

Vayan por delante mis condolencias para los familiares y mi tristeza y repulsa por el ataque a los trabajadores de Charlie Hebdo.


0. Preámbulo. (Indeseada) justificación

No me apetece nada argumentar sobre si mi islam admite o no la matanza de ayer en París bajo el pretexto de vengar el honor del Profeta. En mi opinión, la rechaza a todas luces, y no solo el islam como yo lo vivo, sino el de una mayoría musulmana que ha alzado su voz como condena (algunos enlaces:

Cansa tener que justificarlo ante las preconcepciones de quienes creen saber sin ahondar. Pero habrá que recordar, una vez más, que el Profeta ya fue difamado en vida y la respuesta del Corán a su mensajero ante ello es: “Te hemos dado abundancia. Ora, pues, a tu señor y ofrece sacrificios. Sí, es quien te odia el privado de posteridad” (108, 1-3). Por tanto, es Allah quien imparte justicia y el Profeta es llamado a responder con la oración. Aún así, si queremos entrar a hablar, oooootra vez, de la llamada yihad, valga indicar primero que en realidad deberíamos decir el yihad, en masculino (puntillismo lingüístico, disculpas), y separarlo de la guerra santa. No se puede reducir un concepto tan amplio y noble a algo tan crudo y excepcional. Yihad es cualquier esfuerzo de la persona creyente por purificar su alma, por dominar su ego, por disciplinarse. Ese es el conocido como gran yihad. El pequeño yihad podría relacionarse con el combate de un enemigo, sí, pero tiene sus normas y limitaciones y es siempre defensivo. Como no me apetece extenderme y son otras las reflexiones que claman por ser derramadas en pantalla, dos apuntes: la Ley del Talión se acepta en el islam, pero es mejor perdonar (“Y si uno renuncia a ello, le servirá de expiación”, [5, 45]) y, por encima de todo, “No cabe coacción en asuntos de fe” (2, 256). Yo me quedo con esto. El asunto es ampliamente tratado en otros espacios y se puede consultar en, por ejemplo, los siguientes enlaces:
http://www.webislam.com/articulos/97016-las_huries_las_armas_y_el_mas_alla_i.html
Esto de argumentar la exégesis me resulta nuevo, así que posiblemente se me haya quedado corto, impreciso y algo flojo.

Reflexión 1: sobre el tenerse que justificar y disculpar

Aclarado esto, ¿y por qué leches yo y tantas otras personas nos sentimos ante la necesidad de justificarnos y/o disculparnos por lo que otros, con quienes no nos identificamos, han hecho? Así se espera, en tanto que musulmanes, que lo hagamos. Los asesinos son “de los nuestros” y esgrimen un discurso supuestamente basado en nuestra fe. Una vez más, el problema está en el desconocimiento profundo sobre el islam y en la omnipresente generalización (no podemos vivir sin ella, aish, pero con ella tampoco) y homogenización de lo que algunos han venido llamando “islamicato”, una realidad, de hecho, extremadamente diversa. Leía un artículo en alusión a esta cuestión preguntándose si acaso por ser española se espera de mí que pida perdón por la valla en Melilla o por la guerra de Irak. O si los cristianos a título individual deben disculparse por las masacres que otros hicieran en la antigua Yugoslavia. O si se espera una disculpa de los críticos del islam porque un fanático antiislámico de derechas pusiera fin a la vida de 77 personas en Noruega en 2011 (http://topics.nytimes.com/top/reference/timestopics/people/b/anders_behring_breivik/index.html ).
Nada más que decir al respecto.

Reflexión 2: sobre las principales víctimas del fundamentalismo takfirí violento

Ante todo, puestos a hablar, hagámoslo con propiedad. ¿De qué musulmanes estamos hablando? Acotemos, por favor, y discriminemos entre tanto caos. Yo opto por la nomenclatura “fundamentalismo takfirí (que se dedica a acusar a los demás de cafres [v. RAE: http://lema.rae.es/drae/?val=cafre) violento” (FTV en adelante). Y se nos olvida que las principales víctimas de este grupito (no representativo del conjunto del islamicato) son musulmanes y musulmanas que a diario en Oriente Medio (Irak, Siria, Líbano, Yemen –en el mismo día de la masacre de Charlie Hebdo-, etc.) padecen su intolerancia y afán por imponerse. Es por los FTV que Cachemira se vio empujada a la radicalización y el control de la práctica religiosa, y por ellos que se derramó la sangre de escolares pakistaníes hace unas semanas. Son ellos los que en el marco del EI asedian y dan muerte no solo a cristianos y yazidíes, sino que las bajas entre los musulmanes discrepantes se cuentan a miles, también entre los kurdos y kurdas. La ciudadanía “occidental” (un momento, que me limpio la pota que me produce hablar en estos términos para los que lamentablemente aún no he encontrado alternativa que se pueda comprender) es, en este panorama, una víctima ocasional.

Reflexión 3: sobre la jerarquización de las víctimas y los horrores

Enlazado con lo anterior, los grandes discursos y las condenas públicas de dirigentes de estado solo se producen cuando las víctimas son europeas, australianas o estadounidenses. ¿Qué minuto de silencio se ha guardado por las 37 víctimas de un atentado en una escuela de policía en Yemen, ayer mismo también? La gravedad de la cuestión se acentúa en función de la procedencia de las víctimas. Y no solo se las jerarquiza a ellas, sino también a los horrores, pues resulta que esta masacre es considerada más grave que la muerte de siete  mujeres en España a lo largo únicamente del mes de enero de 2014 a manos de sus maridos, las víctimas civiles y colaterales de la guerra en Afganistán, los emigrantes que perecen en el fondo del mar o quienes mueren de hambruna. Y tras cada una de estas muertes subyace la defensa de una idea. “Ella me pertenece”, “que aumente el capital es lo primero”, “el bienestar es privilegio de quienes lo merecen”. Cada uno se guisa y se cree su discurso, al igual que hacen los FTV.
Termino con otra frase muy clara al respecto que he leído hoy: "Si tú eres Charlie hoy, yo soy sirio cada día".

Reflexión 4: sobre el uso del vocabulario en los medios

Una vez puntualizado que los asesinos son, para mí, FTV, es de cajón señalar el uso criminalizador de las palabras “musulmán” e “islam” en los medios y que construyen una imagen extranjerizante de sus creyentes. Esta mañana, mientras dormitaba en la cama, sonaba la radio de fondo y oía las voces de los tertulianos pretendiendo hacer una labor informativa. En mi duermevela oigo cosas como “París”, “despliegue policial” y, finalmente “individuos de origen… (balbuceo)…¡musulmán!” y el comentarista sale del paso. Me he despertado de golpe. ¿Desde cuándo la pertenencia religiosa o espiritual es un origen o se circunscribe a una procedencia específica? Que se lo digan a los cristianos del Líbano, a ver qué les parece. O a mí misma, española/catalana de tatarabuelos (y más allá seguramente) peninsulares, y musulmana conversa. Resulta que si eres musulmana no puedes ser europea y si, además, tus padres o abuelos llegaron de fuera, y eres musulmana, eres menos francesa todavía (pero nadie duda del patriotismo del primer ministro Manuel Valls). Simplificando la identidad y repartiéndola según interesa. Hace tiempo que en la Europa fortaleza se precisa un debate verdadero sobre lo que significa verdaderamente ser plural y hacer algo de revisión histórica que vea un palmo más allá de la Sacrosanta Inquisición y la democracia absolutista.

Reflexión 5: sobre el terrorismo como etiqueta

Ahora ya no hay asesinatos, ni masacres, ni ataques. Solo hay terrorismo. La nueva etiqueta para aunarnos a tod@s en un nosotr@s con valores compartidos que se encuentran en grave peligro. La nueva etiqueta para sembrar el pánico ante esa Otredad construida. El término es muy útil para aplicar, con nuestro beneplácito, medidas de seguridad que restringen cada vez más nuestros derechos. Dentro de lo malo, al menos hoy el Papa Francisco ha condenado tanto el terrorismo individual como el de estado, evitando hacer alusión al “terrorismo islámico” (incluso he empezado a oír por ahí “terrorismo islamista”. Enga y dale).

Reflexión 6: sobre la naturaleza del semanario Charlie

No, yo no soy Charlie. Yo no me identifico con el racismo, el sexismo y la islamofobia, características por las que viene brillando esta rancia publicación. No, yo no hago uso de mi libertad de expresión para intencionadamente ofender a millones de personas y faltarles al respeto a sabiendas de que así se recibe. Yo jamás defendería asesinar a un periodista por más que me revienten sus ideas. A Jiménez Losantos no soporto escucharle y cambio de emisora. Pero, si desapareciera de la faz de la tierra porque un loco zumbado le dispara a sangre fría, yo no sería Jiménez Losantos ni me identificaría con él. Como tampoco fui la presidenta del PP en León asesinada a tiros y tampoco sería, dado el caso, Josep Anglada o su Plataforma per Catalunya.

Reflexión 7: sobre “la libertad de expresión no es negociable”

Oye, pues igual un poco sí. ¿Acaso no se pena el antisemitismo en algunos países? ¿O la apología de la violencia/terrorismo? Yo, por mi parte, no pienso aguantar ya más chistes machistas, sexistas o racistas que degraden a la mujer, o a los gays, o a los negros. ¿No pedimos que se retiren anuncios por ofender o faltar al respeto? Pasa constantemente. Además, la libertad de expresión está para saber usarla, para saber lo que es apropiado y lo que no. Está para debatir respetuosamente ante las discrepancias y no para insultar. Y el humor no siempre es tan inocente. De hecho, es un arma muy poderosa. También hay que saber usarlo.
Podría extenderme sobre lo que Raimon Panikkar, al que tengo en alta estima, decía acerca del diálogo y la convivencia como posibilidades únicamente si el propio mito no es tomado como prerrequisito. “La libertad de expresión no es negociable”, además de mentira, es una trampa que nos cierra la puerta a la propia revisión.

Y ya acabo con unas palabras muy lúcidas de mi amigo Karim: “El mundo al revés. A dibujar tonterías y caricaturas abyectas se le llama libertad y a matar se le llama 'vengar al Profeta'. Que venga Dios y lo vea. Habrá más morbo y locura cuando la sangre y la violencia se hayan convertido en una industria y producto consumible”.